Un café y un cigarro después de un gran encuentro,
es lo que mi día necesitaba para resucitar.
Las notas corrían y morían al instante,
nacían en nuestros dedos, sus manos, sus pies.
La vida se hace vida al morirla
mi día de hoy comenzó al hacer el amor con palabras
Una conversación, suficiente para desnudar el alma.
Esa despedida, contundente para no decir adiós.
Tras el correr de la tarde
el día fue tocar como a quién se le va la vida en ello
ir tras la sincronía, obtener la locura
dejarla ir con los sonidos.
Y al pasar de los años, corroborar que la gente cambia
pese a que nuestros rostros no.
No hemos perdido la esencia, pero cambiamos de percepción.
Tocamos y nos dejamos ir...
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