sábado, 29 de noviembre de 2008

ciclos

Sé que soy mala cerrando ciclos, nunca me ha gustado decirle adiós a alguien que ha sido importante en mi vida, cuesta trabajo y en realidad nunca lo había visto como algo muy necesario, normalmente las heridas no me sanan diciendo adiós, sanan ubicando a esa persona en otro plano, en una nueva faceta de mi vida. Nunca los dejo de querer, simplemente los quiero de diferente forma y ellos me corresponden de igual manera, un ciclo ejemplar de ello es mi exbaterista, el cual si bien ya no toca conmigo ahora es mi amigo y aún lo veo, no es lo mismo, claro que no. Pero hay cosas que no pueden ser igual. Hace un año un hombre al que amé me dijo adiós, dolió, dolió mucho, lloré a mares, patalee, di batalla y no funcionó, entendí que hay que saber retirarse. Hicimos la promesa de estar juntos toda la vida y creí que eso no ya no sería posible pero lo es. Ayer, perdida, a mitad de la madrugada hice esa llamada que sabía que podía hacer, encontramos juntos el camino a casa, como en los viejos tiempos y entendí que nunca nos perdimos, simplemente modificamos todo aquello que nos hacía daño, para poder cumplir la promesa hecha aquella tarde cuando supimos que queríamos llegar a viejitos juntos, no sabíamos como, solo lo sentimos... y lo seguimos sintiendo... y en ese sentir no hay más dolor, no hay mas muertos... como los que hay ahora, tan lejos de aquí que aún lloran por lo que no quisieron salvar.

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