sábado, 3 de mayo de 2008

Viajes interneuronales para y con mis hermanos

Las palabras se cuelan como hilos de agua entre mi garganta, entonces la vertiginosa caída de mi pecho evita que puedan salir volando como las aves libres que imaginé cuando salieron de mi mente en dirección al infinito.
Seguido mis ojos ven luces multicolores, pero mis manos jamás han sabido dibujar esas imágenes, entonces es como si no hubiera visto nada, y mis ojos enmudecen a la par que mis dedos, incapaces ya de acariciar como suelen hacerlo en sueños.
Los sonidos es lo único que acostumbra salir a la superficie, la mayor de las veces un poco entumecidas por los nervios de salir de mi. Tímidas las notas se escurren de a poco, a cuenta gotas, con algo de miedo, a veces frío. Mis manos no saben como dar orden a este caos. Tú a veces me ves de lejos, sonríes y me calmas con un par de palabras de aliento y ahí vamos otra vez. Entonces cierro los ojos, te tomo de los tuyos para que puedan ver lo que hay en mi, viajamos por túneles que a veces no llevan a ninguna parte, pero trato de hacerte placentero el viaje. Adorno con millones de luces el camino para que no notes que lo desconozco. Señalo al norte pero mirando al sur y en cuanto das el primer paso te sigo y me adelanto otros dos, das tres, te rebaso con cuatro y nos vamos juntos, intento convencerte nuevamente de que sé a donde voy, entonces vuelves a reír, me dices; “no entiendo” te encoges de hombros contento y corres tras de mí, pateas mis pies no para hacerme tropezar sino para enseñarme a caminar con otro estilo, rasguñas mis brazos para que tu energía penetre mas fácilmente por mis poros, la sensación irritante me recuerda que estamos vivos, las yemas de mis dedos tocan los filos hilos de metal, cadenciosamente golpeas el hidrovinil como le llamo yo. Lloro, sí, a veces lloro, y río, ¡Sí! Puedo reír. Entonces me sorprende tanto poder hacerlo libremente. Hace poco llegó a nuestras notas un extraterrestre, proveniente de un mundo no muy raro para mi, sus ojos tienen un brillo similar al tuyo, su risa es tímida y tartamuda como antes solía ser la mía, me recuerda a un pasado alegre, pero él es el reflejo de los momentos extraños dentro de ese recuerdo, así que estrecho su mano cordialmente agradecida. Yo, siempre agradecida, siempre pidiendo perdón por errores no cometidos. Siempre me adelanto por miedo... dejaré ese miedo atrás, como cuando me dejaba llevar por una hermosa voz que me decía que no sentía remordimiento alguno, invitándome a no sentirlo también.

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