domingo, 25 de mayo de 2008
Segundo Hogar
Lo primero que pensé fue “¿Vale la pena estar tristeando?” – Nooo, ni merga (risas) – Me dirigí a mi segundo hogar que estaba invadido de gente y un ambiente que no era el típico de ahí, entonces me lancé por unas cervezas a otro lado, a recordar la vieja costumbre de salir a beber sola y regresar a casa sola. La única diferencia es que ahora soy una especie de “cliente frecuente” de ahí y los meseros me conocen, lo bueno es que no es difícil evadir la platica. Seguro suponen que me gusta la soledad. Una cerveza, música de los ochentas, letras estúpidas como “Take me down to the paradise city. Where the grass is green and the girls are pretty” era el ambiente propicio para olvidarse de lo ridículamente hipersensible que puedo llegar a ser. Otra cerveza, más música de los ochentas, más letras estúpidas... entonces uno de los meseros me saludó, me preguntó como estaba, notó que no tenia ganas de charlar y me dijo, “esto te va a gustar” acto seguido se retiró y entonces en las pantallas estaba un rostro conocido, la música era también conocida. Era blackest eyes de porcupine tree, me emocioné, recordé mis tristezas... ¡Maldita sea! ¡Recordé! Estaba entrando en un conflicto existencial cuando me dieron el tiro de gracia, ¡Lazarus! Una mesera me preguntó si todo estaba bien, yo tenía ganas de decirle que no, abrazarla y llorar, en lugar de eso asentí con la cabeza y le pedí a señas otra igual, la llevó y se retiro de inmediato, resbalaron lágrimas, entonces sonó anathema, voltee a la barra y el mesero levantó el pulgar, ambos somos muy fans de anathema. Escuché un par de canciones, salí y me dirigí a mi segundo hogar, la fiesta se había calmado, me recibieron agus y el hombre del corazón de oro, pasé al segundo piso y noté como nada había cambiado desde la última vez que había sido invitada a pasar, mis tristezas las dejé en una charla y mis fluidos nasales sobre los papeles, creo que independientemente de si algo me une o no a la gente que ahi habita, ese sigue y seguirá siendo mi segundo hogar.
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