viernes, 9 de diciembre de 2011

Cortázar

Cortázar nunca antes tuvo tanto sentido como hoy que la humedad de mis ojos era causada por un intenso instante de felicidad, felicidad causada tras la confesión de aquel viejo e inmenso vacío.

No lo hemos llenado, pero juntos todo eso comienza a salir sereno, sin púas ni espinas.
El vacío se convierte entonces en un lugar de reflexión y paz...
cuando dos personas están juntas sin podérselo ni querérselo explicar surge una luz reflexiva y un espacio de silencio acompañado de sueño profundo, espacio sin tiempo y suficiente calor para el frío del invierno... el uno no piensa en el otro ni en sí mismo, la piel se embarca en una expedición de ida sin vuelta, la ansiedad se corona con nuestros nombres y se desahoga en una fuente inagotable de deseo que corre sin el temor de extinguirse, sin la noción de un mañana, basado en tu constante olvido y en mi indiferencia ante el dolor, que justo ahora dejó de ser sufrimiento...

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