lunes, 14 de julio de 2014

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Un suspiro encerró todos esos viejos sueños, los mensajes, la rabia con la que esa noche te ví convertirte en un ser transparente e imperceptible a mis ojos. El recuerdo de un calor que provenía fuera de mí y que hizo arder mis entrañas cuando el pecado sabía a elixir de los dioses. Tú jamás sabrás lo bien que te comprendo, jamás sabrás cuantas veces sacrifique conejos para depositarlos en la luna, la misma luna a la que intentaste bañar en sangre... Nunca sabrás que en mis venas corrió tu nombre sin alcanzar a salir en forma de lágrimas o de sudor...